Adiós a los recogepelotas de los estadios de fútbol
Hay figuras del fútbol que nunca aparecen en las estadísticas.No marcan goles, no levantan copas, no aparecen en las portadas y, probablemente, muchos aficionados/as ni siquiera saben cómo se llaman. Pero llevan décadas formando parte del paisaje de un estadio y a partir de hoy pueden decir el adiós del futbol los recogepelotas.Los detalles son
Ese chico o esa chica situado junto a la línea de banda, pendiente de cada balón que sale del terreno de juego. El que corre detrás de una pelota que acaba en la grada. El que recibe un balón de un aficionado y lo devuelve al campo. El que, durante años, tuvo en sus manos una pequeña parte del ritmo de un partido.
Y quizá estamos asistiendo, casi sin darnos cuenta, a sus últimos años.
El Mundial ya dejó una imagen que para muchos pasó inadvertida: balones colocados estratégicamente alrededor del terreno de juego, preparados para que los futbolistas pudieran disponer de uno inmediatamente cuando el balón en juego saliera fuera. La idea era sencilla: menos esperas, menos interrupciones y, sobre todo, menos dependencia de la persona que está al otro lado de la publicidad esperando para devolver la pelota.
Ahora esa filosofía ha llegado al fútbol español.
LaLiga ha implantado esta temporada un sistema de balones múltiples. Cada partido contará con 14 balones conectados: uno estará en juego, otro quedará en poder del cuarto árbitro y otros doce estarán distribuidos en posiciones fijas alrededor del campo. Además, esos balones incorporan un sensor de radiofrecuencia que permite conocer su posición y el instante exacto en el que se produce cada contacto.
El fútbol, una vez más, se hace más tecnológico.
Y en ese proceso hay una pregunta que casi nadie está haciendo:
¿Qué será de los recogepelotas?
De momento, no han desaparecido. Seguirán estando ahí. Su cometido será, entre otras cosas, devolver rápidamente los balones a los soportes cuando salgan del terreno de juego.
Pero su papel ya no será el mismo.
Durante décadas fueron una pieza necesaria para que el partido continuara. Hoy la tecnología pretende que el juego dependa cada vez menos de ellos.
Y quizá eso sea lo verdaderamente triste.
Porque el recogepelotas no era solamente alguien que devolvía un balón.
Era parte del escenario.
Era el chaval que soñaba con llegar algún día a jugar sobre ese mismo césped. Era el que veía de cerca a sus ídolos mientras el público los contemplaba desde la grada. Era el que podía presumir de haber estado a pocos metros de un futbolista famoso. Era también una pequeña escuela de fútbol: aprender a estar atento, a reaccionar rápido, a respetar las reglas y, muchas veces, a comprender que incluso los detalles más pequeños forman parte de un partido.
Y sí, también existía la picaresca.
Todos hemos visto alguna vez cómo un recogepelotas podía tardar un poquito más de la cuenta en entregar el balón cuando su equipo iba ganando. Durante años fue una de esas pequeñas batallas invisibles del fútbol. En agosto de 2026, incluso se ha llegado a describir precisamente este nuevo sistema como el final de esa «picaresca» de los recogepelotas.
Ahora el balón estará esperando.
No habrá que pedirlo.
No habrá que correr detrás de él.
No habrá que esperar al chico de la esquina.
El balón estará colocado allí, perfectamente situado, preparado para que un futbolista lo coja y el juego continúe.
Es más rápido.
Es más limpio.
Es más eficiente.
Y probablemente también sea mejor para el espectáculo.
Pero el fútbol está lleno de cosas que no necesariamente eran eficientes y que, precisamente por eso, formaban parte de su encanto.
Los banquillos antiguos.
Las camisetas intercambiadas.
Los programas de mano.
Las radios pegadas al oído.
Los campos embarrados.
Los entrenadores en el área técnica.
Y esos chavales vestidos con los colores del club esperando detrás de la línea de banda.
El fútbol moderno quiere eliminar los segundos muertos.
Quiere que el balón vuelva inmediatamente.
Quiere más tiempo efectivo de juego.
Quiere tecnología capaz de decir al árbitro exactamente cuándo se tocó la pelota, dónde estaba y quién la tocó. LaLiga ha convertido incluso el balón en una fuente de datos para el VAR y las retransmisiones.
Y seguramente ese sea el futuro.
Pero conviene detenerse un segundo antes de que todo cambie.
Porque algún día puede que un niño pregunte:
—Papá, ¿y esos chicos que estaban detrás de las porterías, para qué servían?
Y tendremos que explicarle que durante muchos años, antes de que los balones se colocaran solos alrededor del campo, había personas encargadas de devolverlos.
Personas que no salían en la televisión.
Personas que no cobraban millones.
Personas que nunca levantaron una Champions.
Pero que, durante noventa minutos, también formaban parte del fútbol.
Quizá los recogepelotas no desaparezcan mañana.
Quizá sigan muchos años.
Pero algo ha cambiado.
El balón ya no necesita que alguien se lo devuelva.
Y en ese pequeño detalle tecnológico puede estar empezando a desaparecer otra de esas figuras anónimas que hicieron del fútbol algo más humano.
El día que el fútbol se quede definitivamente sin recogepelotas, seguramente nadie detendrá el partido para despedirlos.
El balón estará colocado en su sitio.
El juego continuará.
Y casi nadie se acordará de ellos.
Por eso quizá haya que hacerlo ahora.
Antes de que desaparezcan.
Antes de que el fútbol olvide que, durante muchos años, detrás de cada balón que volvía al campo había un niño corriendo para devolvérnoslo